Unicaja no disputará la Copa del Rey, tras haber perdido en el Carpena (50-67) ante el Gran Canaria 2014. El mal juego de los locales propició que el público exhibiera su malestar hacia Aíto García Reneses, cuya continuidad peligra.
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| Rey machaca la canasta malagueña |
La mañana invitaba a acercarse a pasear por la argentada orilla de La Malagueta, a degustar unos espetos al amparo de cualquier bar; mayeaba álgidamente en enero. Pero al fundarse la tarde y sonar el silbato inaugural, en el pabellón Martín Carpena se nubló el día. Las sensaciones fueron malas desde el comienzo, aunque el luminoso retrató una aparente normalidad en el primer cuarto (15-14). A partir de ahí, los canarios tuvieron entera potestad sobre el partido, muy bien dirigidos por Taurean Green y Tomás Bellas. Unicaja batió en los segundos diez minutos un récord negativo de anotación, ya que tan solo logró cuatro puntos, lo que le tuvo a remolque el resto del tiempo; tan pobre bagaje se debió a la intensidad defensiva de los hombres de Pedro Martínez y, sobre todo, al escandaloso desacierto y la desidia en la faceta ofensiva de los locales.
Al descanso se llegó con el descontento generalizado en el graderío, que empezaba a recelar de la posibilidad de entrar en Copa. Los aficionados avivaban los decibelios de su enfado con el técnico y el equipo, lo que ya se ha convertido en hábito en los partidos caseros de las últimas semanas. Así lo percibía también en la rueda de prensa Pedro Martínez, entrenador de los visitantes: "Sabíamos que la situación anímica del rival no era la mejor, y que si aguantábamos, el público iba a echarnos una mano, como así ha sido. Sabíamos que podíamos pescar en río revuelto".
Se reanudó la contienda. El público estaba encendido. Unicaja no hacía más que aumentar su nerviosismo y tropezar una y otra vez contra los confines del aro. Mientras, Carroll y Moran ensanchaban la grieta de los malagueños a base de triples, en lo que cada vez era un partido más decidido. Saúl Blanco no había disfrutado de ningún minuto, y Aíto decidió darle entrada a falta de tres minutos para acabar el tercer cuarto, con once puntos por debajo en el marcador. Blanco anotó dos triples. Pero solo fue un espejismo, porque Gran Canaria veía la misión a su alcance, y volvió a escaparse en el tanteador de dieciséis (31-47). La indignación de la afición crecía, ya que asistía al final del tercer cuarto a cómo su equipo solo había podido encestar treinta y cuatro puntos. En el epílogo del encuentro, Berni Rodríguez era el orgullo de una fiera herida, pero su raza no servía para aliviar la mala tarde del conjunto. El quinteto andaba descompasado, sin entendimiento ni armonía. El balón quemaba y el base Blakney se veía obligado a tirar en posiciones comprometidas y con la posesión prácticamente agotada; así ocurrió en dos ataques consecutivos. Una vez que el público asumió la inevitable derrota, empezó a aplaudir las canastas de los rivales y a jalear su juego, lo que hundía aún más a los suyos, muy tocados anímicamente.
Los jugadores parecían ausentes, con la cabeza volando hacia cualquier otro lugar del mundo que no fuese la cancha. La inoperancia era superlativa; nadie cortaba, nadie bloqueaba... Dos triples de Tomás Bellas supusieron la puntilla del partido. A cinco minutos del final, cuando Unicaja perdía por dieciocho, el envalentonado pabellón gritaba unánime aquello de "Aíto, vete ya".
La traca final llegó cuando, a falta de tres segundos y perdiendo por diecinueve, Aíto decidió pedir tiempo muerto. Los espectadores lo interpretaron como una provocación, por lo que el mosqueo alcanzó su cénit. En la rueda de prensa, al respecto, el entrenador apostilló: "No sé si es políticamente correcto, o no. No me corresponde hablar de ello. Un técnico tiene que hacer lo que es técnicamente correcto. No sé si me va a costar trabajo explicarlo a la Junta Directiva. Espero que vosotros lo interpretéis de forma positiva, como yo lo interpreto, y es la capacidad técnica que te permite el reglamento. Los partidos duran hasta el pitido final. Habrá quien lo entienda y quien no lo entienda".
El duelo acabó (50-67); Gran Canaria se clasificó para la Copa del Rey y Unicaja se sitúa en tierra de nadie en ACB. García Reneses queda ahora en una situación muy delicada; ya la anterior semana, en el partido contra Granada, la Junta Directiva del club se había reunido para tratar su destitución y barajar el nombre de su sustituto, pero Unicaja ganó en Granada y Reneses volvió a sentarse en el banquillo frente al Gran Canaria. En su posible despido puede pesar la lejanía que separa a afición y equipo.

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