El baloncesto andaluz está supeditado a la buena voluntad de los bancos, incrustados en la cotidianidad de la sociedad y, cada vez más, en el universo del deporte. El idílico romanticismo que despiertan los clubes en el aficionado anda en peligro; las entidades financieras han ido poco a poco borrando la identidad del baloncesto en las ciudades y ensanchado su protagonismo. En Sevilla, fue Caja San Fernando –ahora Cajasol- quien tomó las riendas, y se ha convertido en el patrocinador más antiguo de la ACB; Unicaja puso nombre -y notables caudales de capital- al equipo de Málaga; el Cebé Granada mantenía vínculos con La General, y en 2010 firmó un acuerdo con Caja Granada.
Hasta el momento, hay que reconocer que los bancos han ayudado al baloncesto andaluz a tener tres clubes en la segunda liga más importante del mundo, gracias al sustento económico que han ofrecido. El problema vendrá cuando el basket deje de ser rentable, cuando la incansable afición andaluza que llena los tres pabellones de la región se canse. Ahí se producirá la prueba de fuego, se comprobará si los grupos bancarios respaldan realmente a este deporte.
Se hace raro animar a un patrocinador. Todo un graderío vitoreando el nombre de quien te tiene con la soga al cuello por una hipoteca, crédito o préstamo es un poco exótico, raro, estrambótico. El público, sabio viejo curtido en batallas, se inventa fórmulas complementarias, como corear el nombre de la ciudad y confeccionar diminutivos cariñosos del nombre del club. Y todo ello porque, en el fondo de su pecho, desconfía del banco, de que hago con su equipo de baloncesto del alma lo mismo que ha hecho con la ciudadanía durante la crisis.
La estructura de poder financiero ha monopolizado las ilusiones de la canasta en la comunidad de la luz. Y la de los aficionados, que penden del hilo de un antojo. El panorama es poco optimista, ya que el fútbol eclipsa con sus amplias fauces muchos de los recursos que deberían pertenecer al baloncesto. Los patrocinadores se adhieren como lapas insistentes al deporte rey, y siembran la orfandad y la mendicidad en el resto de disciplinas deportivas.
En un contexto histórico en el que los bancos rigen el devenir de la sociedad, el individuo queda atrapado en un voraz determinismo, en manos del capital, menguando su propia libertad. Y los equipos de baloncesto en Andalucía, también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario